Historia del cartel: siglos de comunicación visual

Descubre cuáles fueron los primeros carteles de la historia y cómo este formato ha ido evolucionando hasta lo que conocemos hoy

La necesidad de expresar mensajes de manera gráfica ha estado siempre presente. A lo largo de la historia podemos encontrar todo tipo de representaciones que buscan comunicar a partir de las imágenes; empezando por el cartel de propaganda electoral encontrado en los vestigios de Pompeya y conservado en muy buen estado por el efecto de la erupción del Vesubio y considerado uno de los primeros carteles de la historia.

La historia del cartel ha estado siempre muy ligada al movimiento y la realidad de las ciudades, como un fiel reflejo de la realidad social, política y cultural en la que estaban sumergidos sus habitantes. Además, su evolución va de la mano, inequívocamente, de las necesidades de comunicación de cada momento y se ha ido desarrollando al mismo ritmo que los movimientos artísticos y los sistemas de impresión.

Los primeros carteles en papel

Aunque los encontrados en Pompeya son una prueba irrefutable de que en la Antigua Roma ya existían los carteles, estos no eran, en realidad, más que mensajes manuscritos sobre la pared. No será hasta el año 1440, con la invención de la imprenta, cuando se den las condiciones necesarias para comenzar a producir carteles de un modo más parecido al que conocemos hoy en día: en papel.

El primer cartel de la era Gutenberg data de 1477 y lo firma William Caxton —el primer impresor de Inglaterra—; se trata de un cartel publicitario que enumera los beneficios de las aguas termales. En 1482 aparece en Francia el primer cartel ilustrado, de la mano de Jean du Pré.

Revolución Industrial, la revolución del cartel

Con la llegada de la Revolución Industrial y el desarrollo de las ciudades, aparecen nuevas necesidades comunicativas y el cartel cobra una importancia renovada: se trata, desde este momento, de la fórmula más efectiva y económica de llegar a una sociedad cada vez más exigente.

La litografía permite, a partir de este momento, crear carteles a todo color y en gran formato, perfectos para las nueva manera de comunicar. El artista francés Jules Chéret se hace muy célebre por conseguir crear una amplísima gama de colores utilizando únicamente tres piedras litográficas; su manera de componer los elementos en los carteles son precursores de lo que conocemos hoy en día en materia de cartelería, en un equilibrio perfecto entre ilustración y tipografía, con varios niveles de lectura.

Cartel ‘Divan japonais’, de Toulouse-Lautrec

Artistas como Toulouse-Lautrec, cuyos trabajos anunciaban los espectáculos más célebres de la bohemia parisina del momento, seguirán perfeccionando el estilo que Chéret puso de moda. Pero Toulouse-Lautrec creó su propio estilo, prescindiendo de elementos decorativos innecesarios e integrando texto e imagen en un ejercicio maestro que, en parte, aprendió de sus coetáneos nipones y sus Ukiyo-e. También destaca el trabajo de Alexandre Steinlen, cuyo cartel Le Chat Noir puede considerarse todo un clásico.

Alphonse Mucha destaca como el principal abanderado del Arte Nouveau, en el que la naturaleza y la figura femenina son las grandes protagonistas

Cartel ‘Cycles Perfecta’, de Alphonse Mucha

Principios del siglo XX: el producto es el protagonista

La actividad cartelística sigue centrándose en París, pero la mujer deja de ser el centro de atención y empiezan a aparecer otras figuras más relacionadas con los productos publicitados en los carteles de la mano del ilustrador italiano Leonetto Cappiello quien, aunque imita el estilo de sus predecesores, termina por modernizar el lenguaje y pone la ilustración y los fondos planos como símbolo de su trabajo.

Los carteles diseñados por el alemán Lucian Bernhard son otro ejemplo de cómo el producto pasa a convertirse en protagonista. Colores planos y tipografías contundentes son, junto a la representación directa y sintética del producto, los ingredientes principales de su obra.

Carteles ‘Stagione Balneare Livorno’ y ‘Chocolate Klaus’, de Leonetto Cappiello

I Guerra Mundial: el auge de la propaganda bélica

A partir de 1914, el cartel se pone al servicio de las necesidades políticas y sociales, que en ese momento pasan por la propaganda bélica: carteles que anuncian el reclutamiento, que justifican la participación en la guerra, que buscan recaudar recursos o como proclama motivacional.

Cartel ‘Tío Sam’, de J. M. Flagg

Las vanguardias artísticas llegan al cartel: Bauhaus, Art Decó y constructivismo

Terminada la guerra, comienza el resurgir artístico y comienza un movimiento de renovación en el diseño gráfico. En Alemania la escuela Bauhaus experimenta con carteles en los que la tipografía es la protagonista y se busca la legibilidad ante todo.

El Art Decó destaca por el uso de formas geométricas y elegantes, que combinan con tipografías de palo seco. Uno de sus mayores exponentes es Cassandre, que supo representar en el mundo del cartel las tendencias artísticas de la época como el cubismo, el futurismo o el surrealismo.

Al mismo tiempo, en la Unión Soviética, el constructivismo ganaba protagonismo con el uso de fotografías combinadas con elementos gráficos de corte geométrico y fuertes diagonales. El de Aleksandr Ródchenko —pionero en uso del fotomontaje en el cartek— es, probablemente, uno de los ejemplos más conocidos de este estilo cartelístico.

Cartel de estilo constructivista de Aleksandr Ródchenko. 12caracteres

II Guerra Mundial: el auge del offset

Como ocurrió durante la I Guerra Mundial, en estos tiempos el cartel se pone al servicio de la propaganda bélica. De esta época datan algunos trabajos que, aunque no fueron tan populares en su tiempo, hoy en día son conocidos por prácticamente todo el mundo y se han convertido en un símbolo de la cultura popular: el We Can Do It! de J. Howard Miller y el Keep Calm and Carry On creado por el gobierno británico en 1939 con el objetivo de subir la moral de los ciudadanos del país bajo amenaza de una invasión inminente.

Es en este momento, también, cuando la litografía comienza a pasar a un segundo plano y comienza a cobrar mucha mayor importancia la impresión de carteles en offset.

Cartel ‘We Can Do It!’, de la compañía Westinghouse Electric

Años 50: minimalismo y elegancia

La escuela suiza se convierte en referente del mundo del diseño gráfico. Los carteles se caracterizan por el minimalismo, la simplicidad y una composición excelente que pone a la tipografía como centro de todas las miradas. El uso del color es sutil, las tipografías sencillas y de palo seco, así como las formas, que dan como resultado una serie de carteles que tienen la elegancia como punto en común.

Este estilo, con Josef Müller-Brockmann o Armin Hofmann como principales exponentes, predominará hasta los años 70, aunque su influencia todavía está muy presente hoy en día.

Carteles de la escuela suiza. 12 caracteres

Años 70: la psicodelia llega al cartel

La sobriedad de la escuela suiza contrasta con el colorido y las formas sinuosas que caracterizan el cartelismo de los años 70, que llevan el surrealismo y el arte pop por bandera. Vuelven formas orgánicas y el estilo recuerda mucho más a lo que se veía en la época del Art Nouveau que a las tendencias de los últimos años.

Algunos cartelistas y diseñadores que han desarrollado su trabajo ligados a este estilo son, hoy en día, algunas de las figuras más admiradas dentro del mundo del diseño gráfico y sus carteles son auténticas obras de arte: Milton Glaser, Saul Bass, Paul Rand…

Cartel Bob Dylan, de Milton Glaser

Actualidad: el cartel ya no es un cartel

Con la llegada de las nuevas tecnologías, aparecen nuevos soportes y nuevas maneras de consumir información. Ya no es indispensable el formato cartel como lo conocíamos hasta ahora, pues existen numerosas formas de acceder a la información de manera digital; sin embargo, este formato continua vivo y sigue siendo una de las maneras preferidas de comunicar.

Fuente: https://www.domestika.org/

Fotografía de cabecera de: Ann — please donate en Pixabay