Historia De La Tipografía

Con la disponibilidad del papel, la impresión en bloques de madera tallada y la creciente demanda de libros, naciones como Italia, Alemania y Holanda, buscaban la producción de textos por medio de la mecanización de textos móviles. Alrededor de 1440, Johannes Gutenberg desarrolló en Alemania una técnica para elaborar moldes de tipo (ya conocida en China siglos atrás) que se utilizarían para la impresión de letras individuales, escogiendo el tipo textura como modelo, un tipo similar al trabajo de los escribas de la época. Fue con esta técnica que imprimió la Biblia de 42 líneas, la cual estuvo vigente por 500 años. El éxito de Gutenberg propagó el arte de imprimir en toda Europa y la técnica de impresión se perfeccionó en varios países, especialmente en Italia, donde establecieron la primera gran imprenta de ese tiempo. Allí usaron tipos inspirados en la caligrafía humanista del siglo XV y la carolingia de tiempos pasados, que fueron el punto de partida de los caracteres romanos que se usan en la actualidad.

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Poco tiempo después de Gutenberg, en 1486, Erhard Ratdolt publicó el primer catálogo de tipos que se haya producido (con fuentes romanas, griegas y capitales ornamentadas). Y 10 años después el célebre Aldo Manuzio, fundador de la imprenta Aldina en Venecia, trabajó con Francesco Griffo de Bologna grabando diferentes tipos romanos, griegos, hebreros y los primeros itálicos para las ediciones aldinas. Con la llegada del siglo XVI, se inicia lo que se conoce como la época de oro de la tipografía francesa, destacando el trabajo de Henri y Robert Estienne, y especialmente Simon de Colines, que grabó varios tipos romanos, itálicos, versalitas, griegos y latinos. A estos hay que agregar la labor de dos personajes importantes de la época como Geoffroy Tory y Claude Garamond, donde el segundo contribuyó con el tipo de letra que lleva su nombre, de gran legibilidad y elegancia (y de la que se han hecho más revivals en la historia).

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Mientras Colines y Garamond estaban rediseñando las formas romanas e itálicas, se originaron cambios en las letras góticas alemanas. La famosa textura de Gutenberg fue suplantada por formas cursivas como la Fraktur y Schwabacher. De este tiempo datan las oleadas de impresiones de la Biblia del Rey James y el Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, además de una serie de nuevos libros cuyos formatos tipográficos llevaron al arte de crear letras a un nuevo nivel. Sin embargo, lo más importante fue la aparición del primero diario europeo conocido, el Avisa Relation oder Zeitung, publicado en Ausburgo y Estrasburgo. En adelante, la necesidad de encontrar caracteres tipográficos de gran calidad y legibilidad se haría una constante, dado que los medios impresos empezaban a llegar a cada vez más personas.

 El cambio de la tipografía. La era industrial

Tal fue la importancia de la tipografía, que en 1692 el rey Luis XIV ordenó la creación de un comité de eruditos para la creación de un nuevo tipo que fuera diseñado bajo principios científicos. El resultado fue el tipo Jaugeon, de concepto racional, con letras de perfecto eje vertical y serifas simétricamente horizontales. Phillippe Grandjean, quien grabó los punzones, la modificó guiándolos a un nuevo diseño itálico (primer tipo neoclásico romano por transición) conocido como Romain du roi Louis xiv, labor que continuó hasta 1745, cuando fue reemplazado por Jean Alexandre y Louis- René Luce. Unos años antes, Pierre Simon Founier el joven, inició la estandarización del tamaño de los tipos al publicar su Primera Tabla de Proporciones en 1737 y su primer libro de modelos, dos años después.

Muchos de los trabajos más impresionantes del S.XVIII, desde el Medáiles de la Imprimerie Royale en 1702 hasta el Manuale Tipografico de Bodoni, representan un avance técnico: se hicieron mejoras en las piezas fundidas y en los ajustes de los tipos; la superficie del papel fue más consistente y se elaboraron tintas de mayor calidad que dieron como resultado una impresión superior. La revolución continuó con la llegada de la Era Industrial, que supuso un cambio dramático en las artes gráficas y la tipografía. Los delicados tipos artísticos del pasado tuvieron en los tipos mecánicos, gruesos y rígidos, una gran competencia. Los dueños de periódicos los empezaron a usar para los titulares de gran puntaje, capaces de llamar más la atención. Joseph Jackson, Thomas Cottrell y Vincent Figgins fueron sus principales exponentes,

Y a partir de 1800 otra innovación tecnológica importante fue el tipo sans serif, que si bien había aparecido en un catálogo publicado por William Caslon IV en 1816, no causó impacto hasta tiempo después. Criticadas al comienzo por su simpleza, tuvieron diferentes nombres (góticas americanas, sansurryphs, grotescas, dóricas), pero terminaron imponiéndose gracias a su alta legibilidad. Además, eran las más sencillas de usar, especialmente para periódicos y medios impresos de lectura masiva, que empezaron a abundar potenciadas por los adelantos de la época en la impresión. De aquellas máquinas, hay que destacar la Linotype, inventada por Ottmar Mergenthaler, y especialmente la Monotype, de Tolbert Lanston, en 1880.

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 El siglo XX, la revolución tipográfica

La mejor prueba de la trascendencia de la tipografía se vio cuando Theodore Low De Vinne mandó a realizar a finales del siglo XIX un tipo especial para la impresión de la revista Century, el primero diseñado especialmente para una publicación. Desde entonces, buscar modelos especiales o más de un modelo especial para darle una identidad a las publicaciones se volvió una costumbre. Con los avances en las Monotype, el arte de la tipografía y la impresión, los talleres y los artistas caligráficos, la maduración de las familias tipográficas (Arial, Times, Avant Garde, Futura, Trade Gotic, Palatino, Memphis, Beton, Cairo, Karnak, Garamond, Helvetica, etcétera) y la especialización en la materia, la industria de los medios de comunicación impresos se trasladó a una edad de prestigio nunca antes conocida.

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El rápido crecimiento de la televisión y los avances de la tecnología tipográfica favorecieron una reinvención de la naturaleza de la tipografía; además, los cambios científicos, sociales y políticos de los años sesenta tuvieron un reflejo inmediato sobre la tipografía. Sin embargo, fue la aparición de las computadoras y sistemas informáticos los que cambiaron todo para siempre. La litografía offset hizo que los tipos de metal fundido comenzaran a desaparecer de circulación y la venta del Apple Macintosh en 1982 fue el primer sistema operativo que mostraba diferentes tipos de letra para elegir y aplicar en las hojas de texto, lo cual fue una revolución.

En adelante, las computadoras incitaron a los diseñadores a pedir más y más tipos de letras para cubrir sus inspiraciones creativas y los programas de diseño (desde Page Maker a Corel Draw) profesionalizaron la tipografía. Es decir, mientras que los tipos metálicos tardaron décadas en imponerse y la fotocomposición tardó veinte años de composición, la revolución digital se impuso en apenas una década. Con la llegada de Internet, la tipografía y sus miles de creaciones pasaron a un nuevo escenario, la web, desde donde continúan su fecunda repercusión.

Fuente: https://www.staffcreativa.pe/

Fotografía de cabecera de:  wal_172619 en Pixabay